NUESTROS IBÉRICOS
HISTORIA
EL CERDO IBÉRICO ha formado parte del paisaje de Extremadura desde la más remota antigüedad, ya los romanos -exigentes gastrónomos- sabían apreciar las cualidades excepcionales de los jamones ibéricos. Esta tradición se ha mantenido desde entonces, conservando y mejorando una raza que constituye un autentico tesoro genético.
La provincia de Badajoz conserva la mejor y más extensa dehesa existente y es en este paraíso donde nace, vive y muere el cerdo ibérico, antesala natural del jamón de bellota. La dehesa no sólo es naturaleza, es un ecosistema autosuficiente lleno de alcornoques y encinas, asentados sobre un manto verde de hierbas y flores silvestres que cuidan de las bellotas caídas para el uso y disfrute del cochino que, agradecido por la abundancia de su entorno, proveerá al mundo de uno de los manjares más exquisitos y exclusivos. El jamón ibérico es el que procede del cerdo ibérico, siendo esta una definición rigurosa. El cerdo ibérico es probablemente la única raza genéticamente pura, que se conserva en la actualidad de los marranos que en algún momento llegaron a la península ibérica, procedentes del África mediterránea. Para que el jamón lleve el título de ibérico de bellota, el cerdo tiene que haber disfrutado de la montanera entre octubre y febrero, solamente podrá alimentarse de bellotas y recursos naturales.
Si el cerdo ibérico es alimentado en algún momento, en su fase de remate, con pienso su jamón será de recebo y, si nunca ha estado en la dehesa, será de cebo. La Denominación de Origen "Dehesa de Extremadura", se ha convertido en la garantía de la representatividad y seriedad de nuestros jamones que hoy compiten con los mejores productos de otras Denominaciones, en franca ventaja de calidad, adornada ésta con el reconocido valor dietético que recientes e importantes trabajos de investigación, otorgan al jamón ibérico como complemento en la dieta mediterránea.